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martes, 16 de junio de 2020

Mis favoritos/ 43

imagen tomada de la red

El horror nunca da miedo, viene de una manera natural como una hola suave. Hasta que se implanta y se queda, entonces es como una torta en mitad de la cara. Algo así ocurre con la ola de populismo que asola nuestro planeta. Y que tuvo su origen, en el eterno aspirante a país europeo, Turquía. Si te interesa cómo se fraguan los pequeños cambios, se socaban las libertades, se vuelve al control sobre la mujer y se coloca la tradición religiosa por encima del laicismo y el orden legal establecido,  este es tu libro. 
Ece Temelkuran (Esmirna ,1973) no  puede ejercer su profesión con libertad en su país. Es como tantas, una mujer que no encaja en el ideario de Erdogan. Victimismo, exigencia de respeto, desprestigio de las instituciones, infantilización del mensaje, creación a medida del votante… Estos son los rasgos comunes a todos los populismos que azotan, desde hace más años de los que pensamos, todos los rincones del globo. Y también son los pasos que configuran Cómo perder un país (Anagrama), el último ensayo de la periodista.

lunes, 8 de junio de 2020

El cuadro de Hoper


"Olvidamos lo que regalamos, pero el que lo recibe lo recuerda siempre".
—A partir de cierta edad ya no se pueden dar malos ejemplos, solo buenos consejos, Luisma. Deja ese idilio que mantienes con la botella, anda. Dámela, que voy a cerrar. Y vete a casa.
Fran retiró mi vaso con delicadeza. Era su manera de consolarme por el bochorno que acaba de pasar cuando Julia apareció por la puerta con los críos:
—Preguntaban por ti y les he traído. Querían darte las buenas noches. —me espetó.  La sombra de los tres en la penumbra no se me iba de la cabeza. Julia no me iba a perdonar, esta vez. No quería salir de allí para enfrentarme de nuevo a aquellas caritas de asombro. El espejo tras la barra me devolvía la imagen de un hombre derrotado, y la mirada lastimera de Fran, que con la servilleta simulaba estar enfrascado en secar una copa, no hacía más que certificar mi caída.
—-Francis, este bar, ahora,  parece sacado de un cuadro de Hoper ¿te acuerdas de Hoper? Lo vimos en la clase de historia del arte, de COU. Te gustaba mucho.
— ¿Qué si me acuerdo? Flipaba con aquel cuadro. El bar Phillies. Lo recorté del libro para pegarlo en la carpeta. Hasta robe una lámina enorme que había en la biblioteca.  La puse en la pared, frente a la cama. Y me veía allí. Tal como me decías.
— ¿Te decía? ¿A qué te refieres? —la intriga espantaba aquel letargo de alcoholes en el que me hundía.
—Joder, Luisma. No me digas que no lo sabes. Con lo perdido que andaba en el instituto.¡Si saqué el curso gracias a tus chuletas, hombre! Y al terminar, tú lo tenías tan claro, lo de la carrera. Pero yo… ¡No puedo creer que no lo recuerdes, Luisma! Aquello que me dijiste. Aquello de que sabías por qué me gustaba tanto el cuadro de Hoper.
—¡Ah, sí!  que te gustaba el cuadro de Hoper porque serías el típico barman de peli negra. Y lo eres, Fran. Lo eres.
—Gracias a que recibí un buen consejo, Luisma, anda vete a casa. Lo puedes arreglar.
Al despedirnos, pensé en darle las gracias por haber detenido el tiempo para mí, incluso por haberlo hecho retroceder hasta las intactas ilusiones de la juventud, pero me limité a sonreír sin palabras.

viernes, 1 de mayo de 2020

"CANSPIRACIÓN"



Vivo bien en términos materiales, ese no es el problema. Dispongo de una confortable caseta  en el jardín  junto a mi árbol urinario, entro al chalé cuando me da la gana y me dan de comer de lujo. El problema reside en que mis amos, Fefo y Tuti, son más tontos que mandados hacer de encargo, como puede ya apreciarse por  sus diminutivos, y me resultan unos cargantes insoportables. Se dirigen a mí llamándome Pipo, ridículo nombre que me humilla. Soy un guapo fox terrier de cuatro años con alto cociente intelectual y muy respetado entre los míos. Estoy en plena madurez canina;  no necesito estar rodeado de juguetes y otras frivolités como si fuese un cachorrillo. Por suerte, tengo el triste consuelo de que en este barrio todos sufrimos de lo mismo, pero a mí me ha sido encomendada la tarea de acabar con esta vileza.
     Lo ladramos el domingo pasado, cuando los Quílez invitaron a mis dueños y afines a un cóctel informal en su jardín. ¡Valiente panda de ignorantes! ¿Dónde se ha visto un cóctel un domingo? Esto os dará la medida del estatus del vecindario: resucitadillos de medio pelo que medraron a cuenta de negocios poco transparentes. Nosotros, en cambio, éramos canes de pedigrí y de familias muy seleccionadas,  por lo que nos resultaba embarazoso tener que soportar actitudes paternalistas. Para mí, hijo de una fox terrier de origen oxoniense, eran insoportables, por ejemplo,  aquellos concursos de belleza: me hacían pasar una vergüenza terrible. Desolador era también, ver a mis congéneres repeinados y perfumados. Humanizados. Nuestras miradas de resignación al cruzarnos lo decían todo.
    Y en eso andábamos aquella tarde, en cómo zafarnos de aquella vida miserable. El principal problema eran nuestros amos,  por lo que la ofensiva tenía que ir dirigida hacia ellos.  No queríamos una revolución ni renunciar a nuestra vida privilegiada. Solo ansiábamos dignidad.
Yo tenía contactos con grupos caninos suburbanos que se habían sublevado en barrios más humildes, pero que sufrían idénticas vicisitudes. En poco tiempo, controlaron la situación. Me resultó de gran ayuda contar con el apoyo y los consejos  de Chulo, un perro potencialmente peligroso, sin pelos en la lengua. Chulo me convenció de que a base de firmeza y de enseñar un poco los dientes, la situación estaría controlada en poco tiempo.

  Lo primero que teníamos que hacer, era deshacernos de la tiranía de los concursos caninos. Para ello deberíamos ingerir grandes cantidades de helado de chocolate los días previos. Disfrutábamos con aquellas vomitonas oscuras en medio de la pasarela. Yo me regocijaba con el apuro de Fefo, puesto en evidencia delante de sus amigos. Así sabría cómo me sentía. Podría pensarse que las consecuencias de esta actitud reiterada, serían los castigos físicos. Pero no. Es vox canis que un dueño urbanita es pusilánime y reconcomido por la culpa en cuanto a instruir a un animal. Nada que ver con uno rural. Esos sí que  nos conocen bien, nos mantienen a raya, de acuerdo, mas nunca mancillan nuestro honor.  Por eso los respetamos.

 Chulo también nos indicó cómo adiestrar a nuestros amos. De vez en cuando, se hacía necesario mantener una actitud agresiva. Sobre todo, en lo respectivo a cualquier pauta encaminada a humanizarnos: fuera ropas, comida para mascotas, salir a la calle acompañados y visitas al veterinario. Otros que se habían buscado un buen negocio con las marcas de comidas de plástico. ¿Cómo habíamos llegado a renunciar a un buen hueso? Nos repetía  Chulo en sus charlas, a fin de empoderarnos.

  Poco a poco,  las medidas surgieron efecto. Tanto Fefo como Tuti, dejaron de tratarme como a su osito de peluche, al ver que cuanto más me mimaban, más arisco me mostraba. Incluso cedieron en las visitas al veterinario. La primera vez,  me planté en la puerta, frente a ellos, con el hocico arrugado y la mirada oblicua, desafiante. Sentí un placer inmenso al ver cómo retrocedían. No lo intentaron una segunda vez.

  Conforme pasaron los días, se fueron tornando más dóciles. Se acostumbraron a mis mordiscos cuando no me dejaban comer el pollo asado o las lonchas de jamón ibérico que guardaban en la nevera. Aceptaron con resignación mi negativa a la comida enlatada o a las bolas insípidas. Y dejaron de disfrazarme, cuando veían que dedicaba una hora del día a raer mis ropas absurdas. Pero uno de mis mayores orgullos fue que Tuti, tras varios estropicios en la peluquería “Guau”, se resignó a tener un terrier tal cual, con su pelaje natural.

  Ahora, tanto mis amigos como yo salimos a la calle con la cabeza bien alta, sin ataduras, sin la presencia controladora de nuestros dueños. Volvemos a la hora que nos da la gana, cualquier excusa es buena para salir a conocer otros barrios con perros que necesitan nuestra ayuda. Sigo en contacto con Chulo, al que tanto debo. Cuándo me atreveré a decirle que siento cosas.

jueves, 26 de marzo de 2020

Micros con personajes conocidos

TU SOPLA QUE TU VIENTO ME REFRESCA
Mar, Mel  y Eli se reían de su coincidencia: Marisa, Melisa y Elisa. Las tres amigas  de infancia, adolescencia y madurez.
 Mar era la más pizpireta, guapa y simpática,  con débil personalidad. Había pasado por numerosas rupturas amorosas y no encontraba su sitio en la vida.
 Mel era la menos atractiva,  muy trabajadora y capaz, dedicaba demasiadas horas al día a sus ocupaciones.
 Eli, al contrario que sus amigas, no se preocupaba de su físico ni del trabajo. Era muy creativa y soñadora.
Mar enfermó, su físico cambió en unos meses, su pecho no era igual y su pelo desapareció. Cuando sopló el animal, se refugió en casa de Mel.
La vida de Mel cambió: la crisis la dejó sin trabajo. También aquí soplaba el animal: no podía pagar el alquiler.
Aún así junto a Mar buscaron a Eli.  La amiga creativa recibió a las dos en su casa y se ocupó de las tres. Formaron un triunvirato invencible que derribó al animal.
Montse Ferrero

Micros con personajes conocidos



CORNAMENTA

---- Pero ¿A dónde vas con esas greñas, hijo? ¡Pareces un pordiosero! Vas a acabar fatal, como todos esos zarrapastrosos con los que andas.
—-¡Qué sabrás tú de mi devenir! — pienso, mientras me envaro y le suelto una de mis frasecitas:
-— Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen.
Aprovecho su desconcierto para besarla y salir corriendo al encuentro de mis amigos, que me esperan para cenar. Desde la puerta le oigo mascullar: " qué manía le ha entrado a este con hablarme en clave"

Mientras atravieso las murallas de Jerusalén, camino al Gólgota, me sorprendo sonriendo al recordar la escena. Han pasado apenas 24 horas y ya soy otro hombre: traicionado, torturado, con miedo a morir. Me arrastro, con el cuerpo llagado, bajo el peso de esta cruz que será mi cadalso; la debilidad me hace caer, una y otra vez.

Durante unos segundos, permito que me invada el dolor punzante de las piedras que horadan mis rodillas. Y con este dolor se cuela uno mayor, la carcoma de la duda.
 De pronto me asalta la certeza de ser el protagonista de un loco plan megalómano ideado por Dios. Que fuera concebido por obra y gracia del Espíritu Santo se me antoja de repente una fabulación difícil de creer. Puedo sentir la humillación de José, la rabia por tener que soportar las burlas que le acompañaron toda la vida.

Los gritos de los soldados me sacan de este delirio. Gracias a Dios, supongo, recuerdo quién soy, que mi reino no es de este mundo.
 Me sobrepongo a la tentación de ser un hombre más y asumo mi destino. Como decía mi padre, cada persona debe cargar con su cruz.

 Y él sabía de lo que hablaba.

Marika

Micros con personajes conocidos


EL DRAMA DE INÉS

Inés recibe hoy un mensaje de correo electrónico que dice:
¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más clara la luna brilla y se respira mejor?
El mensaje va acompañado de un adjunto, lo abre y aparece una fotografía en la que se ve a ella vestida de monja, con un hábito blanco al lado de un caballero, con capa y sombrero, que la corteja.
El mensaje lo fecha y firma: Madrid, 1.844. José Zorrilla.
Inés no entiende nada. Irá a la biblioteca para consultar sus dudas, como siempre.

María Acinas

Micros con personajes conocidos


Sigue tu camino

Primero modernista y luego nonagésimo activista. Cuando habla del mar se refiere al futuro o a la muerte. Si lo hace con las fuentes, ríos o norias alude al paso del tiempo; y cuando escribe sobre el camino lo que insinúa es la vida.

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar”.

Caminantes os digo, no os desaniméis con los obstáculos que podáis encontrar en vuestro caminar, sino que seguid avanzando y trabajando para hacer vuestro sueño realidad.


Mari Jose