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sábado, 8 de octubre de 2011

La Inercia

Reunidos en sesión secreta y extraordinaria, la Real Academia de lo Políticamente Incorrecto, en adelante RAPI,  debatía sus estatutos:
-Aceptaremos niños, hijos, padres e incluso miembros como sustantivos colectivos –comentó el profesor.
-Se sustituirá “contabilizar” por “contar”-explicó el banquero.
-Bajo ningún concepto se aceptará “optimizar” como sinónimo de “mejorar” -afirmó el patrón.
-Un contenedor de papel de oficina es una papelera –clamó el administrador.
-Un sistema de descanso es un colchón –exhortó el vendedor.
 -Un sistema financiero es un fraude- rugió el instigador. 
Y un incómodo silencio recorrió el despacho. El más veterano alzó la voz y dijo gravemente:
 -  Quizá todavía no estemos preparados.
 Los miembros y miembras de la RAPI se miraron unos a otros,  unas a otras,  unas a otros y unos a otras. Cabizbajos, cabizbajas, cerraron sus carpetas y aplazaron la sesión,  sine die.

martes, 23 de agosto de 2011

Aristogamias

Aquella madre pertinaz había acabado con las expectativas de todos sus congéneres. Su avidez de fertilidad le había llevado a esclavizar al resto de la comunidad. Los hombres se organizaban para saciar su apetito según estrictos turnos y los que ya habían cumplido, si no habían perecido en el lance, esperaban  unas horas hasta que se los llevaba  la muerte. Las mujeres sufrían de esterilidad espontánea, a fin de poder criar la ingente prole de bebés que le nacían a la otra en cada alumbramiento.
Aquella madrastra también arrastraba su propia cruz: destinada a ovulaciones, coitos, fecundaciones y embarazos sin límites; su existencia estaba limitada a una habitación hexagonal, donde permanecía asistida por una recua de matronas que atendían sus partos y curaban  las llagas de tantos lustros de postración en la cama.
A pesar de los cuidados y atenciones a la eterna parturienta, no exhalaba sino amargura. Cerraba los ojos  la  para no ver nacer a sus hijos. Cuando intuía que se los llevaban,  les despedía con una mirada cargada de extrañeza.
 Tal vez nunca le pasó por la cabeza que si bien su sacrificio era extenuante, no lo era menos para el resto de la comunidad el mantener aquella caprichosa civilización que hizo aguas cuando Elena - la mayor de las  matronas-  harta de malas caras, secuestró al asistente Antonio para ella solita y se lo contó al resto.

lunes, 13 de junio de 2011

Entrevista con el pirómano.

-¿Y cuándo será el incendio?
-Ocurrirá al atardecer, de manera inesperada. Será global. Como todo incendio, tendrá un carácter purificador.
-¿Contaremos con bajas?
- Sí. Con las de resistentes, dependientes, e insostenibles pero también con las de los desafortunados.
-¿Quiénes sufrirán más las consecuencias de la quema?
-Todos por igual, los enlaces que nos unían desaparecerán. Al principio andaremos perdidos, como abandonados en un desierto. Nos resignaremos y descubriremos las bondades de la falta. Recuperaremos el sentido de la realidad. Quizás construyamos algo nuevo, más puro y elemental. Finalmente nos adaptaremos, como las ratas.
¿Cuestión de supervivencia?
-Cuestión de supervivencia.

jueves, 26 de mayo de 2011

Pesquisas a la muerte de Pablo Gonz.

La pistola con el dedo todavía en el gatillo, el estupor de la asistenta y el desconsuelo de la esposa indicaban que se trataba de un suicidio. Pero unas tijeras en el cubilete del escritorio y un callo en el dedo corazón de la otra mano, desvelaban el perfil de un asesino descuidado o que no conocía demasiado a su víctima.

martes, 3 de mayo de 2011

Olvidados

Es media tarde en el pueblo junto al lago. En la pequeña tienda de Sebastiano, un turista rezagado entretiene la espera entre carísimas corbatas y pañuelos de seda. Tiene acento francés. A Sebastiano se le nubla la vista y se le acalora la frente. Suenan los motores del ferry y el extranjero marcha con andar precipitado. El trance ha pasado y el hombre cierra la tienda. De vuelta a casa, se contempla en el lago que guarda su secreto. Hace tiempo que otro extranjero le descubrió su sombra. Lo curioso es que nadie preguntó por él. Ni por los que vinieron después. Desde entonces Sebastiano malvive entre el deseo y la conciencia. Cuando el deseo le vence, marcha a descansar a la Riviera  para volver atrapado entre negras pesadillas. Se sentiría más aliviado si alguien preguntara por ellos.