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martes, 14 de octubre de 2014

Mis favoritos/36

imagen tomada de la red




Philippe Claudel (Nancy, 1962) ha sido escritor y guionista de cine y televisión. En este libro el autor, como si de un perfumista se tratara, elabora un catálogo ordenado de 63 olores, rescatados de la trastienda de la memoria que son el vehículo para elaborar otros tantos relatos  de infancia y juventud. 
 Autobiográfica, intimista y lírica,  el libro nos transporta a los orígenes, a lo más arraigado de nuestros recuerdos, a los momentos inolvidables. En una entrevista acerca del libro, Philip comentó que entre sus olores favoritos estaba el de la tierra.  Yo por mi parte, me quedo  con el  inico de uno de sus relatos: "Col"
"Creo que es Céline  quien lo llama "olor a pobreza recocida". En caldo, en cada comida, sin carne que le dé sustancia, despide un tufo a cuerpo sucio que se pega a las bociosas paredes  de los huecos de escalera, a rellanos y altillos, a los techos bajos de las buhardillas y las rancias porterías, y acaba penetrando en todas las grietas como la masilla más inútil. Una especie de carnet de identidad de la miseria"

martes, 16 de septiembre de 2014

Robinson

Amanezco en esta playa desierta, sin palmeras con cocos, sin selva exuberante, sin indígena al que educar. Busco entre la arena una rama que me permita pescar. Contemplo el mar oscuro, vacío de peces. No siento hambre. 
Miro hacia atrás y descubro que no hay rastro de mis huellas en la arena.

jueves, 24 de julio de 2014

Alambique



Yo languidecía en la tumbona junto a la piscina. Cuando terminó sus largos, ella se me acercó. Con la parsimonia de un felino tras el almuerzo, lamí las gotas de agua que le resbalaban por la frente. Por la nariz. Me incliné para besarla y llegó aquel impulso ancestral, esa lengua que despertaba de un letargo añoso. Ella se abandonó a la fuerza que la absorbía.  Se ahogó en la bolsa de mi estómago aquella inagotable energía que destilé con avidez. 
 Vi el placer mudar de rostro. Después, el desmayo y  unos ojos opacos.
 Ahora sus gestos son toscos, la invade un extraño pudor de despojada. Cuando nada, lo hace con la exactitud de un autómata, sin gracia. No hablamos de ello, pero a veces, cuando cree que estoy distraído y me examina suspicaz - quizás mascando la idea  de abandonarme, de abandonarse-  temo que vea en mi rostro ese alma tan familiar, ese robo flagrante, que es ahora tónico y escalofrío de mis vísceras recónditas.




jueves, 17 de julio de 2014

El hijo de Mowgli


Este micro que me vino a la cabeza pensando en la vuelta al cole.

A veces se torturaba. Ocurría durante esas mañanas en las que el sol iluminaba el rostro de su esposa, ajado por la pena del bebé desaparecido, con la mano apoyada en la cunita, la que año tras año se negaba a retirar. Entonces volvía la culpa por el secreto no revelado.
 Despertaban en su memoria recuerdos de una noche estrellada, con el bultito en los brazos, que depositó con cuidado junto al  árbol en el que jugara con Balú. Y la vuelta a casa, con el corazón en un puño. Y las dudas. Pero el pensar en  aquella infancia vivida, indómita y salvaje, al amparo del oso y la pantera, le convencía de haber  hecho lo correcto. Imaginaba los chapoteos de su hijo en el río, las carreras, los bailes con los monos estúpidos. El miedo al tigre.
 Y entonces, espantaba con la mano las moscas y volvía a su labor en el huerto mientras  imaginaba al niño que desafiaba al tigre y volvía hecho un hombre a  la aldea, para recibir el violento abrazo de su madre, ya consolada.

martes, 1 de julio de 2014

Big Bang

Fue cuestión de un minuto lo que tardó el cielo en cargarse de nubes y oscurecer la playa. La arena tomó la temperatura del hielo.  Muchos  comenzamos a tiritar. Los adultos miraban la masa tubular del fondo y corrían, tomando de la mano a los niños. Una brisa cargada de polvo sacudió la playa arrastrando gorras y toallas. La masa avanzaba con celeridad y se elevaba tragando botes, motos de agua, hombres, mujeres y cuanto estorbaba su paso.  El mar respondió al ataque abriendo una boca espléndida y allí nos escondimos cuántos corríamos para no ser arrastrados por el tornado.  Lo último que recuerdo es un desagüe abisal que nos condujo a este agujero negro. 
 Desde entonces, habitamos este oscuro lugar de náufragos. Hemos reciclado todo aquello que el mar arrebató al tornado y con ello hemos construido chozas y  palafitos. Cultivamos huertos de algas  y la natural evolución ha escamado nuestra piel y enfrentado nuestros ojos. No tenemos agallas; la respiración es un ejercicio accesorio. Practicamos un silencio comunicativo. Más que caminar,  gravitamos. A veces, cuando se cuela  alguna corriente fría, recordamos la época del tornado. Todo cuanto adornaba la vida en aquel cálido planeta.
 Algunos dicen que lo que conocimos como nuestra tierra es ahora un cementerio inabarcable. 

jueves, 26 de junio de 2014

Papel Maché


Yo me aferro a esta novia humana, con pálpito en el pecho izquierdo que turba mi costado derecho. 

Me recogió un día de perros en el centro comercial, me resguardó como pudo pero ella, que parece inmune a los elementos, no sabe de mi aversión al agua que me disuelve o al viento que me desgarra. No conoce mi temblor.
 Al llegar a su casa, a salvo ya de la intemperie, me ha sentado en el sofá para que escuche una canción. He notado su tibio abrazo y el arrebato que la  ha llevado a depositar en mi hombro de cartón sus lágrimas. Lágrimas que han dejado una huella cóncava e indeleble. 
Al atardecer, cuando el cielo se nubló y volvió el frío, cogió su plancha para alisar mi corazón de celulosa. Y me abandoné a sus caricias de vapor.
 He experimentado algo semejante al fuego, tan temible. 
Este amor suyo me está arrastrando a una pasión líquida y fatal.  Siento que esta vida nueva es ardor. Y muero.
Dedicado al club de wasap "zu irakurle" y especialmente a su promotora Gotzone Butrón, con todo cariño. No dejéis de leer y escribir.

martes, 24 de junio de 2014

Mis favoritos/35


Con esta obra irrumpió en el panorama literario Richard Yates y quedó finalista en el National  Book Award de 1961. A pesar de ello, murió olvidado, como tantos adelantados a su tiempo.
 La novela comienza con una representación de "El bosque petrificado" por parte de los vecinos de un área residencial. La protagonista es April Wheeler, que estudió arte dramático y que comprueba, no sin frustración, sus escasas dotes para la interpretación.
  A partir de esta obra de teatro, el matrimonio Wheleer entra en crisis, o más bien reconocen lo absurdo de sus vidas: unos hijos que no han deseado, un trabajo que el marido, Frank Wheeler, no ha querido, una vida de ama de casa que April detesta, todo ello envuelto en el celofán de una tranquila zona residencial, que es el ideal de bien de consumo. 
Sin embargo, todo cambia cuando April decide que deben dar un cambio a sus vidas, que Frank tiene que desarrollar su talento y que para ello nada mejor que marchar a París.
El retrato de Frank es la de un farsante: encantador de serpientes con su berborrea, egoísta y de escaso talento. Es curiosa también la escasa presencia que tienen los niños, son como muebles en la novela. Así como un perturbado, encargado de decir las verdades que nadie se atreve a confesar.
La novela es también un alegato de género. Curioso que aunque la mujer se incorporó al mundo laboral durante la segunda guerra mundial,  la mayoría dejara de ejercer aquellos empleos para rendirse al ideal de mujer satisfecha con el cuidado de los hijos, la protección del marido y la tranquila vivienda residencial , pero sobre todo lo que más me gustó de Vía Revolucionaria es la reflexión sobre lo que podemos dejar que el estilo de vida contemporáneo haga con nosotros. 
Leonardo di Caprio y Kate Wintsley volvieron a reunirse para rodar la película basada en el libro: Revolucionary Road. Desde luego, nada  que ver con Titanic.

jueves, 19 de junio de 2014

El coro

Alguien ha empezado a tirar del hilo y  ha enojado a la araña que espera  en el otro extremo. Antes la hubiéramos aplastado nada más verla. Pero fuimos curiosos o  impertinentes. Desde su escondrijo, nos ha ordenado gritar al unísono. Ese alguien, que tiene aspecto de hombre, se ha girado al oír nuestras  vocecillas y nos ha descubierto aquí,  atrapados en la red, diminutos como chinches. Al acercar sus enormes ojos le hemos parecido tan ridículos que se ha retirado, mientras agitaba su barriga sin parar de reírse.
Ese mismo hombre - estúpido y ajeno a su porvenir-  en su desternille no ve cómo la araña va tejiendo a su alrededor una especie de capullo que lo dejará preso como una crisálida. Pasados tres  días, saldrá reducido a una milésima parte de su tamaño y unirá su vocecilla a las nuestras.

martes, 10 de junio de 2014

Picnic

Yo no estaba acostumbrada a un agosto urbano. Pero Dinah  y  Mariona, que habían conocido más de uno, siempre tenían planes para espantar el tedio. Aquella vez a Dinah se le antojó ir a las campas. Pasaron a buscarme a las cuatro. Tenía lo necesario: el bocadillo de jamón york con mayonesa y una naranja, la toalla. Y la Nancy. Lo metí todo en el capazo rojo y bajé disparada . Salimos del barrio, hacia las vías del tren. Caminábamos a trompicones por las traviesas, ensayando equilibrios sobre los raíles,  riéndonos y empujándonos hasta caer. Dinah se balanceaba con el casette en la mano. Atravesamos la boca del túnel y cogimos el desvío que subía hacia las campas. Exhaustas y sudorosas, nos tumbamos sobre la hierba a contemplar la vista. Después, sobre nuestras toallas, nos quitamos los vestidos  y Dinah se embadurnó con crema solar. Nosotras la imitábamos con torpeza. Sacamos nuestras muñecas. La mía tenía un trikini de nylon azul a rayas, la de Mariola un bikini de crochet. Con una malicia inesperada, Dinah soltó delicadamente el sujetador del bikini de su muñeca:
-La mía hace topless - rió. 
Las muñecas, tendidas con los brazos hacia atrás para sujetar sus cuerpecitos plásticos, imitaban poses adultas. La brisa cálida, que nos ondulaba las melenas, traía reminiscencias de carbono y azufre. Aspirábamos el efluvio a huesos quemados de la fábrica de papel con fruición adictiva.
 Nos sentamos con las piernas recogidas en un abrazo mientras mirábamos embelesadas  el espectáculo de atardeceres:  Allá abajo, en las fábricas,  vagonetas cargadas de mineral, acariciado su trasiego por la luz de la tarde, proyectaban fulgores iridiscentes.
A la hora convenida, el canto de la sirena abrió paso a una legión de playmóbiles  con monos azules que abandonaban la fábrica.  Dinah, que reconoció al muñeco que tensaba su deseo, encendió el casette.  Sonó algo de Tequila. El obrero se giró y saludó con disimulo. La mirada de ella tiraba de él con urgencia concupiscente. La valla se abrió y comenzó el desfile. Sin previo aviso, y movida por los demonios que ahora la habitaban,  Dinah se vistió, bajo a la carrera y esperó oculta tras un matorral a que todos marcharan. El hombre se le acercó. Pude ver el abrazo, la sórdida mirada, la mandíbula buscando el cuello, las mejillas  encendidas. La certeza de que existían abismos.

Y un chasquido, el de una plancha metálica que cedió dilatada por el calor, nos despertó a Mariona y a mi, absortas, confusas y calladas, merendando el bocadillo, tras recoger nuestras  muñecas y no reparar en la de Dinah.





miércoles, 28 de mayo de 2014

Mis Favoritos/34



Acabo de terminar de leer dos de los libros de la  trilogía "De sus fatigas" de John Berger:  "Puerca tierra" y "Una vez en Europa". He dejado para el verano, el tercero y más conocido "Lila y Flag".  En esta trilogía se nos plantea la evolución del campesinado a partir de la Revolución Industrial. Sus modos tradicionales de vida y su incompatibilidad con el nuevo modelo económico. Para los que no conozcáis a Berger, os diré que es un escritor y pintor inglés, afincado en el pueblo francés de Quincy.  En su trilogía, defiende el modelo económico tradicional de subsistencia del campesino, en contraposición con el modelo económico basado en el consumo de bienes. Analiza el carácter conservador del campesino no desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista ecológico. También indaga sobre el concepto  de la muerte no como futuro inexorable, sino como parte del ciclo de la vida.  Berger tiene escritos tan originales como estas Doce tesis sobre la economía de los muertos. También me gusta especialmente el  artículo ¿Dónde estamos? que publicó en 2002.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Bando



Se llama Plácida y es imprevisible. Invade cualquier espacio. Asidua de parques infantiles, contempla con ternura a los niños, provocando inquietud en las madres. Como medida de protección, debemos recordar a nuestros hijos que se mantengan alejados. No sabemos si está vacunada o si es portadora de alguna enfermedad infecciosa. Sabemos que ha intentado acercamientos solicitando comida. También estamos al corriente de algunos hurtos en los contenedores de basura orgánica que no tendremos en cuenta. Es un ser humano.
Por ello y dado que parece decidida a quedarse entre nosotros, se le ofrecerá la vacante de indigente oficial con derecho a bocadillo,  siempre que se mantenga a distancia de la ciudadanía.

martes, 8 de abril de 2014

ATRACCIÓN

Eramos incondicionales del baloncesto. Tirar, pasar y diblar. Hasta el día en que me cubriste un pase y me llamaste Gengis Khan. Quedamos para ir a bailar, aquel sábado a la noche. Meneaban la pista tu traje color hueso, tu camisa floreada y el pelo engominado. Te hacían corrillo y a mí me devoraban los celos. Ajusté mis mallas y acicalé el bigote. Extasiado por aquel vaivén pélvico y con la sangre concentrada ahí abajo como en un émbolo, me senté en la escalinata con las piernas bien abiertas. Y alcancé la bola de cristal discotequera que giré frenético para atraer tu deseo. 

lunes, 3 de marzo de 2014

FELIZ DE LA VIDA




Estas han sido semanas magníficas, cargadas de ilusionante ansiedad que han dado como resultado mi primera recopilación de microrrelatos en Amazon. Gracias a todos los que me habeis visitado alguna vez, esto es parte obra vuestra. Y no tengais piedad.

martes, 25 de febrero de 2014

Colores

Nanny nos ha dicho que mañana soplará una brisa verde, como de cascada fresca. Que se nos meterá por los pies para hacernos cosquillas rojas y nos dará una risa boba que hará temblar las grietas de estas paredes de mármol. Que subirá por la espalda hasta hincharnos como balones rosas y giraremos como peonzas con los brazos hacia el techo, hasta ponernos azules. Y cuando recordemos lo que era estar sudoroso y cansado, se marchará y nos dejará sin aire como globitos blancos. Entonces, solo entonces, volveremos al silencio. Negro. Como  una boca de lobo.

sábado, 22 de febrero de 2014

90 Euros

Ayer tenía 90 en la cartera. Y no tomé más que un carajillo cuando fui a echar la partida al hogar del jubilado. Mi hija dice que no, que ahora todo está más caro, que seguro algo compré y ya no me acuerdo. Como que va a dejar que me gaste por ahí 90 euros sin pedirme explicaciones. Mira que me toca los huevos con lo del alzeihmer que ya sé por dónde va. Yo no me entero de nada, tengo lagunas y chocheo,  pero esta mañana la muy perra estrenó un par de zapatos nuevos. Y chitón, que por menos me mandan a donde te mandaron a tí y te remataron, Teresa.


jueves, 13 de febrero de 2014

El ciclo natural de las cosas

 Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola semejante al del año pasado. Esta vez, (decidido a no perder la oportunidad) y antes de que la naturaleza se lo arrebatara, lo llevó al cobertizo. Miró sus manos rugosas, endurecidas por el trabajo de labranza. Las comparó con el aspecto sofisticado de las teclas. Trabajo de  artesanía fina, pensó.
 Detuvo su deseo un instante de vacilación. Metió las manos en los bolsillos pero, éstas, dominadas por la determinación, salieron de su escondrijo, se agitaron en el aire y presionaron las teclas con delicadeza . Un fa sostenido, que desconocía,  cubrió el cobertizo. 
Animado por el resultado, deslizó la mano desde el tono más agudo al más grave. Construyó una humilde escala. Las notas que brotaron súbitamente, ascendieron, y, empujadas por la brisa, salieron del cobertizo para caer como lluvia sobre el huerto en barbecho.
 Satisfecho con la composición, contó su secreto al maestro de escuela, que le ayudó con pentagramas, solfeos y escalas mayores o menores. Aprendió contra reloj los fundamentos de la armonía: intervalos consonantes (suaves y estáticos) e intervalos asonantes (violentos y dinámicos). Paradójicamente, el correcto uso del piano, aceleraba su naturaleza perecedera: comprobó día a día  su inexorable degradación, agotado por el  riego continuo de corcheas, negras, blancas, fusas y semifusas.
 La última partitura, tocada a un solo dedo, fue una experiencia amarga. Después el silencio.
 Tardó en  recoger lo que quedaba del piano. Preso de nostalgia, enterró los restos. Se consoló contemplando los resultados de la cosecha:  frutales con las ramas inclinadas hacia el suelo, a rebosar de romanzas, fugas, preludios, fughettas y alegres tarantelas. Y deseó no haber alterado el ciclo natural de las cosas.

domingo, 9 de febrero de 2014

Perjurio

Otro micro a partir de los viernes creativos de Fernando

Fue desde aquella siesta tonta de domingo. Debiste penetrar por el oído, sí. Sentí una punzada. Leve. Después, el hormigueo que me rondaba por la nuca y subía hasta la coronilla. A continuación los mareos, la ceguera. Siseos impertinentes que distraían mi concentración. Coros de voces retorciendo mi voluntad. Fiebres, temblores, rencor. Locura, determinación, cadáveres, muerte. Años de zozobra. Remordimiento, resignación, alivio. Viejos amigos.
Pero hoy, en cuanto ha sonado el timbre y he abierto la puerta, has olvidado las charlas, los monólogos, el compadreo. Has hecho mutis por el foro. Te ha entrado el canguelo a ti, rey de la arenga. Y creo que incluso has sonreído mientras nos colocaban las esposas.

martes, 21 de enero de 2014

Reminiscencia

Pero esta vez, ella lloró. Y no fue un  sucedáneo sanguíneo o lechoso. Nacían ordenadamente, una tras otra. Formaban filamentos cristalinos, zigzagueantes, que regaban y vivificaban sus mejillas. El incesante manar inundó el escenario. Las bocas se abrieron al asombro. Yo, que me negaba a dar crédito, buscaba el truco, la miraba con dureza. La mujer, ajena a mi reproche, mantenía el trance. Fue un instante, un parpadeo, pero viéndola allí con el cuerpo abandonado, me pareció sentir algo añejo, milenario, de regusto amargo. Semejante a aquello que, decían, hacía brotar las lágrimas.

domingo, 19 de enero de 2014

El Mesías

Mi ocurrencia para los viernes creativos de Fernando.

Por qué no me enviaste padre,  disfrazado de niño, adorado por Reyes, presentado en el templo,  caminando por las aguas, azotando a mercaderes y fariseos. Qué te agravió para abandonarme ahora en este cuerpo, tan  avejentado y flaco, que ni la lluvia se atreve a humedecer su espalda.

jueves, 16 de enero de 2014

Mis favoritos/32

                                                        


Leí hace unos meses la novela de Pablo Gonz gracias a este audiolibro, que generosamente me facilitó. A Pablo lo conocí a través de su blog y luego hace un par de años personalmente en la Segunda Quedada Microrrelatista. La novela  transcurre en una escalera de vecinos. Tiene como protagonistas a una familia con estrecheces y sus argucias para conseguir más espacio vital (de ahí el título de lebensráumica). A partir de ahí se establecen una serie de relaciones y recelos entre los vecinos. La dueña del inmueble es Doña Ruth, fría y envarada, que me recordó a Aliona Ivanovna, la usurera de Crimen y castigo. Me gusta de las obras de Pablo su estilo natural, su sentido del humor , la originalidad en el uso de los comparativos y su conocimiento de la condición humana. A Pablo le tengo especial afecto porque vive como piensa. Hay muy pocas personas así.